22 sept 2011

¿Existe el altruismo en la política?

Autor:  Marco Antonio Plaza Vidaurre
Investigador y docente universitario           
22 de Setiembre 2011

Un nuevo tipo de político está de moda, dizque con “sensibilidad social” que con tal de ayudar a los más necesitados está dispuesto a que todos corramos el riesgo que la economía colapse. A éste lo llamo “el político altruista”; pero un momentito, ¡de altruista no tiene nada! Para entrar en sintonía contigo amigo lector, en las siguientes líneas  lo defino con mayor rigor:
 “político altruista es todo sujeto que piensa, toma decisiones y actúa con el afán de llegar y mantenerse en el poder convenciendo a una considerable parte de la comunidad que tiene  mucha sensibilidad social, y que su mayor preocupación es solucionar el problema económico de una gran mayoría a costa de sacrificar a una minoría todo en aras de la justicia social”
¡Pero para que se dé el altruismo es indispensable el sacrificio de una persona en bien de otra, sin nada a cambio! Esa es la condición por excelencia. El altruista sacrifica recursos propios, su tiempo y en muchos casos, hasta su propia vida.  Entonces, ¿es altruista una persona que ofrece ayudar sin sacrificar ningún recurso propio? Ciertamente no. Sin embargo, esto es lo que hacen muchos políticos que se jactan de tener “sensibilidad social”.
El verdadero altruismo siempre será bienvenido por todos nosotros porque es un ejemplo para la humanidad. Los grandes líderes espirituales, con su ejemplo y obra, han dejado una huella digna de ser seguida por muchos. Todos nosotros practicamos el altruismo aunque sea de manera moderada cuando nos sacrificamos por nuestros hijos, hermanos, padres y familiares y amigos en general.
Este tipo de político nunca se sacrifica, sino todo lo contario, se beneficia de  nosotros. Siempre embauca a una buena parte de la población con su doble discurso, pues, trata de convencer a los ingenuos que actúa con la única finalidad de “ayudar” al más necesitado. Usando los términos de un gran columnista del diario El Correo de Lima Perú, «este señor ayuda con la mía y no con la suya». Pero para evitar mostrar su flanco débil, utiliza una estrategia que consiste en que la mejor defensa es el ataque.
¿Cuál es la defensa? Atacar al liberalismo económico y al capitalismo diciendo que es inhumano, que no tiene rostro humano, incentiva la explotación, excluye a parte de la población, crea desempleo, subempleo, pobreza, resentimientos, conflictos sociales y que por tanto debe ser controlado al milímetro. Todo esto  ya lo conocemos. ¿Cuál es su debilidad? Él no se sacrifica por nadie y se vanagloria de ayudar a la comunidad, pero luego de un periodo de tiempo, las medidas promovidas fracasan  ¿Cuál es su filosofía de fondo cual vil patraña? Los que más tienen deben sacrificarse por lo que menos tienen para que la distribución del ingreso sea más equitativa
Pero lo que no sabe o no quiere aprender este tipo de político es que el capitalismo como sistema social es el único que no exige sacrificios ni mártires, que ha permitido libertad individual y ha creado las condiciones para que justamente los más pobres y sus hijos mejoren su calidad de vida. El capitalismo va de la mano con la libertad  política y económica y es primo hermano de la democracia.
Lo preocupante es que el altruismo político se convierta en un paradigma que distorsione la política económica por un buen tiempo. Pues ésta perdería su contenido científico y se volvería empírica o ideologizada y por tanto no tendría como fundamento una teoría económica con sólidos argumentos que se base en la libertad de los individuos para construir su propio destino.


10 sept 2011

La ilusión del sueldo mínimo


Autor:  Marco Antonio Plaza Vidaurre
Investigador y docente universitario           

LA ILUSIÓN DEL SUELDO MÍNIMO    


Julio trabaja como mozo en un restaurante en el centro de Lima, desde  las ocho de la mañana en que atiende el desayuno. Se levanta a primera hora y camina como veinte minutos para poder tomar una combi que lo lleve a su destino pero esto no lo afecta por su juventud. Vive en el cerro San Ignacio de Loyola, más o menos lejos de su trabajo. Regresa por la noche a su casa después de pasarse prácticamente todo el día atendiendo clientes, quienes por lo general, no son muy delicados en la forma de tratarlo.
Junto a su casa vive su buen amigo Enrique, vecino de hace muchos años quien se desempeña como obrero en la industria de la construcción. El trabajo de ambos es similar en muchos aspectos, pues, los dos laboran por horas y no tienen beneficios sociales, es decir, ni salud ni una futura pensión. Los empresarios siempre le manifiestan a ambos que su situación de trabajadores informales se debe a que el sueldo mínimo es muy alto, muy por encima de lo que normalmente se paga en el mercado de gente no calificada y que por el contrario a lo que se cree, esta medida afecta a los más pobres. Todo esto es consecuencia de la pésima política económica implementada por los diferentes gobiernos hace décadas sobre todo en temas laborales.
Ambos no entendían nada de lo que les decían. Pero lo que les importaba a ellos es que el salario que reciben de manera informal, aun siendo muy bajo, les permite mantener un hogar pequeño, de un hijo cada uno. Las esposas colaboran a la economía familiar cocinando en un comedor popular por horas.
Un día, el dueño del chifa, el señor Yan, quien fumaba como chino en quiebra, lo llama a Julio y le dice con un tono de voz ronca y gastada propio de un fumador empedernido:
-Julio, he decidido aumentarte el sueldo a seiscientos nuevos soles y a partir de ahora serás un trabajador formal, y te pagaré tus derechos sociales. Sé que serás más productivo, te vas a identificar más con el negocio y te sentirás mucho mejor. Te iré incrementando tu ingreso por pocos, dependiendo de nuestra eficiencia y sobre todo, del trato al cliente y de la calidad de la comida. Debes tener paciencia, pues estoy dando el primer paso.
-Gracias jefecito, usted se pasa –le dice Julio con mucha reverencia-. No esperaba su intención de hacerme sentir parte de este restaurante. Es verdad, tendré más ganas de chambear. Gracias nuevamente. Se lo contaré ahora mismo a mi familia.
Julio retorna a su hogar de noche, cansado pero contento listo para contarle a su mujer e hija. Una vez conocida la noticia, todos estaban felices porque era la primera vez que se convertía en un trabajador formal y eso lo beneficiaba no solamente por el mayor sueldo sino también en el aspecto sicológico porque se sentiría más integrado a la sociedad.
Después de seis meses, el país se encontraba  dividido en el aspecto político por la campaña electoral. Uno de los  postulantes a la presidencia prometía aumentar el sueldo mínimo vital a la suma de setecientos cincuenta nuevos soles. Julio se ilusionó porque en su trabajo le iban a pagar lo que la ley manda ya que ahora era un trabajador formal.
Terminada la campaña electoral, dos meses después, el candidato que idolatraba Julio ganó las elecciones. La ansiedad era máxima por escuchar el mensaje presidencial. Y justamente, el flamante presidente de la República planteó el incremento del sueldo mínimo tal como lo había dicho en la campaña. En la casa de Julio estaban llenos de júbilo porque sería el segundo aumento en menos de un año.
Una tarde del primer día útil después del mensaje presidencial, el señor Yan lo llama a Julio a su oficina:
-¡Hola Julio!, tengo que hablar contigo y esta vez, al igual que la vez pasada, voy a ser sincero contigo –le dice con una voz de preocupación y con cierto sentimiento de culpa.
-¿Qué pasa jefe, he metido la pata con algún cliente? Usted sabe que yo los trato muy bien y muchos de ellos son mis causas y me quieren.
-¡No Julio, no es eso, es otro tema!, se trata de la nueva medida del gobierno relacionada al sueldo mínimo vital.
-Sí manyo el tema jefe, se lo dejo en sus manos –decía Julio de la boca para afuera, pero en ese mismo instante pensaba «me tienes que subir, no te hagas el loco chino tísico, no puedes zafar esta vez, te jodiste» Sin embargo presentía algo negativo por la manera como le hablaba Yan. No estaba alegre como la vez pasada cuando le dijo que le aumentaba el sueldo a seiscientos nuevos soles. En esta situación difícil, no le quedaba otra cosa a Julio que esperar la noticia por muy mala que sea.
-Julio, he realizado unas cuentas y si te pago setecientos cincuenta nuevos soles, tendría problemas financieros justamente por los beneficios laborales que se incrementan como la espuma de mar; igual me pasaría con el resto de muchachos, pues, realmente yo los quiero tener como trabajadores formales, pero no me queda otra que seguir pagándoles lo mismo, prometo mantenerles el sueldo pase lo que pase, pero regresarían a ser informales. Yo quiero que sigan trabajando conmigo. Ya veremos qué hacer en el futuro.
-Jefe, qué problema realmente, lo entiendo, usted no nos quiere fregar, pero si sube el sueldo a setecientos cincuenta mangos, el negocio peligra y sería peor para nosotros, ¿no?
-Cierto Julio, quisiera saber si deseas seguir trabajando, con el mismo sueldo, pero de manera informal, ¡lo siento mucho!
Julio ya había tomado la decisión de aceptar porque peor era quedarse sin nada de dinero, pero anímicamente se sintió muy mal, y pensaba qué le iba a decir a su familia. Él nunca fue un desempleado, tenía que ganarse la vida trabajando como lo hizo su padre y eso lo llenaba de orgullo.
-¡Acepto jefe! –dijo Julio con una voz tembleque.
Al día siguiente, viernes por la noche, se encuentra con su amigo del alma, Enrique.
-Amigo, vamos a chuparnos unas chelas a la esquina y te cuento lo piña que soy en la chamba.
En eso enrumbaron hacia la cantina hablando de otros temas. Una vez sentados en la mesa, José llama al mesero.
-Oye chochera, tráete un par de pomos al polo como le gusta a la gente brava
- Al toque mister, ya vuelvo.
 Después que ambos se habían tomado casi las dos cervezas y ya un poco picaditos, Enrique le dice:
-José, ¡cuéntame lo del chifa antes que te embombes y te dé la llorona!
- Ja ja ja, no es para tanto cuñadito. Bueno, te cuento que el chino Yan no me pudo subir el sueldo porque de lo contrario el negocio tendría un roche económico.
-¡Qué cosa! – dice de manera sorprendida Enrique- ¡No te atraco! Si ya eres formal tiene que subirte el billete, porque si no lo hace el tío manca contigo. Estás en tu derecho amigo y puedes ir a quejarte al ministerio de trabajo.
-¡No seas monse causita!, tú sabes que el chino no tiene la obligación de darme chamba, y si lo hace, es porque quiere. Además, él me ha dicho que desea seguir trabajando conmigo y que jamás me disminuirá el sueldo. Así que he aceptado seguir en el chifa.
-Oye cuñadito,  ¿vas a aceptar semejante desfachatez? ¡Quéjate! ¡No te me arrugues! ¡Presiónalo a ese chino! ¡No seas conformista!
-¿A quién me voy a quejar causita? Tú sabes que firmo contrato cada tres meses y justo vence en unos días. Además, yo sé que Yan no es mal intencionado, yo soy su chocherita. El chino es buena gente. ¡Créeme carajo, ya me estás llegando con la misma huevada, pareces disco rayado!
- Ja ja  ja, ¡tá bien! ¡tá bien!, ¡no te me achores!  Bueno compadre, haga lo que crea conveniente, al fin y al cabo, “a mí me pasa lo mismo que a usted”, como dice una canción de la época de mi viejo. Somos dos informales ¡y qué! ¡Nunca entenderemos a los políticos ni esas huevadas del sueldo mínimo, de la inclusión social y tanta cojudez! Sigamos disfrutando de estas chelitas y hablemos de fútbol. ¿Qué te parecieron los goles del exterminador de Guerrero contra Venezuela en la última copa América? ¡Excelentes! ¿No? ¡Habla!

23 ago 2011

¿Qué es la Inclusión Social?

Autor:  Marco Antonio Plaza Vidaurre
Investigador y docente universitario           
22 de Agosto del 2011

Últimamente la expresión de moda es “crecimiento económico con inclusión social”. Este término acompaña a todos los políticos como si de un rezo se tratara. Se ve muy mal, o mejor dicho, se escucha mal al oído de una persona “con sensibilidad social” decir crecimiento económico con generación de riqueza. Eso huele a neo liberal, a ideas totalmente desconectadas del problema social,  alejadas de los más pobres y como un símbolo del fracaso de las últimas décadas por la sencilla razón que actualmente hay demasiada pobreza. No utilizar esta ”expresión” lo puede volver a uno un ser malvado y un canalla capitalista, insensible al dolor ajeno que debe ser “excluido” del análisis económico y político sin más vuelta que darle.
El 21 de agosto el director del diario El Comercio, Francisco Miro Quesada Rada, publicó en su columna de editor un interesante artículo sobre la inclusión social. Cito uno de los párrafos:
“Para lograr la inclusión social se deben aplicar políticas que, en primer lugar, generen el acceso a la riqueza para todos los peruanos y esto se logra con inversión privada y pública. El trabajo, la posibilidad de acceder al trabajo con un salario digno, es el primer paso para la inclusión social, porque significa un gran progreso para la reducción de la pobreza. No puede haber inclusión social sin una pronta distribución de la riqueza, para que los peruanos seamos protagonistas en el acceso al proceso productivo de la nación. Mientras continúe la pobreza, que es cierto se ha reducido, no podrá haber inclusión social”.
 En adición, la semana pasada, el mismo diario publicó el 21 de agosto algunos resultados de la mesa redonda sobre la inclusión social y la desnutrición infantil, liderada por el director antes mencionado, donde se señala que en orden de prioridad, se encuentra en primer lugar la desnutrición infantil y en segundo lugar, la pobreza.
No cabe duda que es muy bueno que las autoridades y diferentes medios de comunicación se preocupen por esta situación de pobreza, extrema pobreza, exclusión social, desnutrición infantil y cómo lograr la inclusión social. En este caso todos esto son fines, pero el tema de fondo, a mi modo de ver,  son los medios para lograrlos, y ahí me parece que está la debilidad de lo que se está discutiendo intensamente.
Se dice mucho de aumentar el presupuesto y el gasto para lograr los fines. Pero me parece que no se toca el tema de fondo y se ha caído en un raciocinio circular donde se da vueltas y vueltas sobre el mismo tema, que no es nuevo realmente, y no se llega al meollo. Por ejemplo, si le digo a un niño que sea bueno, y él pregunta cómo debe hacer, yo le podría decir, que no sea malo, y si él me pregunta cómo debe actuar para no ser malo, yo le podría decir que sea bueno. De igual manera yo puedo decir que hay exclusión porque hay pobreza, y hay pobreza porque hay exclusión. Esto es caer en un loop como dicen los informáticos cuando el programa se cuelga y de vueltas y vueltas de una sentencia a otra y tenemos que apagar la computadora o reiniciarla.
Pero veamos el tema de fondo. De lo planteado en la cita antes referida y en lo que se refiere a la mesa redonda antes mencionada, se puede observar que es el gobierno a través de la política pública que va a disminuir la exclusión, lo que en buen romance significa inclusión social; que disminuirán la desnutrición infantil y la pobreza. Sin embargo, estas argumentaciones de manera implícita nos dicen que el crecimiento económico, que es consecuencia de la acción empresarial, no es suficiente y está en segundo plano para atacar los males antes señalados y que es el gobierno el que tiene que actuar. En el mejor lenguaje de un socialista, el mercado genera exclusión y por tanto pobreza, y sobretodo que estos pobres nunca podrán disfrutar de las bondades del crecimiento económico porque es como una especie de maldición que llevan sobre sus hombros generación tras generación.
Pero ¿qué es el mercado? Me atrevo a decir que los que plantean esto último es porque lo ven como las tiendas Wong, Ripley e Hiraoka, donde los incluidos sí   pueden comprar y el resto no. Pero el mercado es más que aquello, pues, es la interacción entre los seres humanos para satisfacer sus necesidades, donde una parte son aquellos que ofrecen su fuerza de trabajo y la otra parte, los empresarios que conjuntamente con el capital y la mano de obra producen y venden. Ahora bien, ¿acaso esta acción por parte de los seres humanos es excluyente? La respuesta es un categórico No. Por tanto lo que se necesita son más transacciones de compra y venta entre los individuos o si queremos llamarlo de otra manera, se requiere de más mercados. Pero retornemos a los conceptos de inclusión social.
Supongamos que el gobierno es eficaz y reduce la desnutrición infantil a través de la distribución de bienes y servicios en lugares focalizados. Esto sí podría ser efectivo pero para casos extremos. Si le damos leche a todos los niños en los  lugares más pobres del país, es cierto que la desnutrición disminuirá, pero, ¿por cuánto tiempo? Y aquí está el tema de fondo, ¿Cuánto tiempo deben durar estos programas? Pues deben ser vistos cómo una inversión social, que tiene un inicio y un fin. Si no recordemos la ley de los pobres en Gran Bretaña, que al final éstos tuvieron más hijos, los salarios reales bajaron y acabaron en revueltas y fue anulada esta ley. (Excelente explicación en “Economía Política” de John Stuart Mill). Y no hay necesidad que nos vayamos siglos atrás, pues, acá en Lima, hemos visto cómo se lleva a cabo el programa del vaso de leche el que se ha convertido en una fuente de trabajo y donde gente adulta  recibe una ración de leche. En una oportunidad se intentó disminuir el presupuesto para tal programa, y en pleno centro de Lima hubo disturbios y paralizaron todo el tránsito, y ¿y quien reclamó? Aquellos que  reparten la leche ¡oh maravilla! Y en un reportaje televisivo hace unos años se descubrió que una señora repartía leche en un distrito limeño de clase media como unos diez años y que jóvenes adultos se acercaban a su casa de esta señora con una jarra a recoger la leche. Y así otros casos.
Volviendo al tema de fondo, el caso de la inclusión es demasiado complejo, porque ¿quién podría decir si una persona es excluida? Teniendo en consideración que dos tercios de la oferta laboral es informal ¿No es el gobierno en las últimas décadas que incentivó la informalidad con sus políticas ineficientes y por tanto excluyó a los trabajadores de la  formalidad dejándolos sin pensión y salud?
Ahora bien, si el gobierno quiere desarrollar más programas asistencialistas como parte de su política, está en su derecho, pero lo que tiene que reconocer es que tiene que tener más recursos, y esto solamente se logrará si recauda más dinero. Y para lograr esto no hay otro camino que el crecimiento económico que tiene como base la libertad económica.
El análisis lo podemos desdoblar en dos partes, que al final llegan al mismo puerto. Primero, asumimos que el desarrollo de más mercados crea las condiciones para la disminución de la pobreza; por tanto deberá incentivarse  la libertad económica y el crecimiento económico absorberá cada vez a más gente mejorando su calidad de vida. Segundo, asumimos que el gobierno a través de su política pública disminuye la pobreza. En este segundo enfoque también se requiere del crecimiento económico para que el gobierno tenga más recursos. Luego, podemos plantear que en cualquiera de los casos no se puede prescindir del crecimiento de los mercados a todo nivel.
Por tanto no puede existir un crecimiento económico excluyente, pues, el tema es al revés, éste crea las condiciones para que cada vez más gente tenga mejor calidad de vida. 
El problema de fondo es la pobreza y no la exclusión y por tanto el esfuerzo debe ser dirigido en crear condiciones para el desarrollo de más mercados y no en la inclusión social.  Esto se logra con más capital, mejor mano de obra, mejor infraestructura, un  poder judicial competente y seguridad ciudadana. Solamente así, el gobierno, vía sus políticas públicas, podrá paliar los efectos perniciosos de la pobreza. La causalidad correcta es la siguiente:
CRECIMIENTO ECONÓMICO- MAYOR RIQUEZA - MENOR POBREZA – INCLUSIÓN SOCIAL
Y no al revés como se cree en muchos círculos intelectuales.

17 jul 2011

Actividad Económica I trim 2011

La desaceleración de la economía entre el IV trimestre del 2010  y el I trimestre del 2011[1][2]
Autor:  Marco Antonio Plaza Vidaurre
Investigador y docente universitario           
Colaborador: Jorge Moreno León                         15 de Julio del 2011

El comentario de los últimos días en la mayoría de diarios, en reportajes televisivos a diferentes expertos, analistas y políticos del gobierno de turno y del gobierno entrante, fue que la economía peruana tuvo una fuerte recesión en el primer trimestre de este año, dándose énfasis de que  alguien tiene que asumir la responsabilidad de lo acontecido. Pero, ¿qué pasó? ¿cómo así estamos en recesión? ¿no veníamos creciendo estupendamente como consecuencia de la gran recuperación después del frenazo que tuvimos como resultado  de la crisis financiera internacional en el año 2009? ¿cuál fue la causa?
Vimos en los medios de comunicación y en los diarios una especie de gresca cual lio entre dos vecinos echándose la culpa de lo sucedido. Me refiero al gobierno saliente y al entrante. El primero dijo que la culpa la tuvo la desconfianza creada por el plan de gobierno del presidente electo, dando origen a una expectativa negativa por parte de los inversionistas, al mejor estilo de una reacción propia del “espíritu animal” de los empresarios, según J.M. Keynes;  y el segundo, planteó que la desaceleración de la inversión pública fue de tal magnitud que frenó la demanda agregada ferozmente, haciendo  responsable al ministro de economía y finanzas por haber implementado una incoherente política fiscal contractiva, que dicho sea de paso, fue el Decreto de Urgencia Nro. 012-2011, publicado en el diario oficial El Peruano el 31 marzo 2011, mediante el cual se dictaron medidas extraordinarias para generar mayor ahorro público con el fin de asegurar la transición del gobierno y prevenir los peligros de una crisis externa. (ver: http://sisfoh.mef.gob.pe/descargas/du012_2011.pdf)
 Esta vez, y no siempre, nos permitiremos recurrir a la matemática, puesto que podemos obtener un promedio de los dos planteamientos. Y este promedio significa que ambos tuvieron, en parte, la razón. Veamos algunas cifras.
CUADRO Nº 1
Variación porcentual anualizada del consumo privado y
público, y de la  inversión privada y pública

Consumo
consumo
inversión
inversión
trimestre
Privado
Público
privada
pública
I TRIM 2010
5.4
14.0
11.5
19.9
II TRIM 2010
5.8
12.7
24.5
51.2
III TRIM 2010
6.2
9.5
28.6
23.5
IV TRIM 2010
6.5
7.7
24.1
20.9
ITRIM 2011
6.4
5.3
15.4
-6.3
Fuente: Cuadros estadísticos de la Nota Semanal del BCRP
Nota: Datos originales están en términos  reales
Elaboración propia

En el cuadro Nº 1  tenemos la variación porcentual del consumo e inversión, tanto privado como público, desde el primer trimestre del año 2010 hasta el primer trimestre del presente año. Las variaciones porcentuales son anualizadas. En el caso del consumo privado, se puede observar que la tendencia fue creciente.
Sin embargo en el resto de variables, la cosa no fue igual. El consumo público  sufrió una desaceleración en cada uno de los trimestres. En cuanto a la inversión privada, la desaceleración se inició a partir del último trimestre del año 2010. Destaca la diferencia entre las cifras del cuarto trimestre del 2010 y las del primer trimestre del 2011.
Respecto a la inversión pública, no solamente  tuvo un enfriamiento sino que disminuyó en el primer trimestre del presente año. Cabe destacar que, después de haber tenido una tasa de crecimiento espectacular del 51.2% en el segundo trimestre del 2010, estas tasas iniciaron una tendencia decreciente hasta convertirse en negativa.
Si solamente tomamos en cuenta este análisis que contempla cambios anuales en las variables, se podría decir que la economía marcha cual tren de sierra lo que se confirma  observando la evolución de la demanda interna y el producto interno, cuyas tasas  en el primer trimestre del presente año fueron 10.6% y 8.7%, respectivamente, cifras por cierto sobresalientes. Sin embargo es importante resaltar que la inversión pública fue la oveja negra, pues, fue la única variable que presentó una tasa negativa, con un valor de -6.3%.
Ahora bien, si efectuamos un análisis de variación porcentual del primer trimestre del año 2011 en relación al último trimestre del 2010, el resultado es completamente diferente al anterior, muy  preocupante y porque no decirlo,  desesperanzador.
CUADRO Nº 2
Variación porcentual  trimestral de la demanda interna,
De producto bruto interno, del consumo público,
 y de la  inversión privada y pública
Concepto
IV TRIMESTRE
I TRIMESTRE
Variación porcentual

del año 2010
del año 2011
trimestral
demanda interna
57,700
54,941
-4.78
prod. bruto interno
55,237
52,511
-4.93
consumo público
5,998
4,655
-22.40
inversión privada
11,842
12,371
4.46
inversión pública
5,012
1,646
-67.15
Fuente: Cuadros estadísticos de la Nota Semanal del BCRP
Nota: Datos de las dos primeras columnas en millones de nuevos soles a precios
 del año 1994.
 Elaboración propia

En el cuadro Nº 2 podemos observar la variación porcentual trimestral del producto bruto interno, de la demanda interna y algunos de sus componentes.

Como se puede apreciar en el referido cuadro, la inversión privada es la única que tuvo un crecimiento positivo con un tímido 4.46%. Otra es la historia de la inversión pública, ya que si comparamos el primer trimestre del 2011 con el último del año pasado, la caída fue aparatosa, nada más ni nada menos que -67.15%.

La verdad, amigo lector, es que cuando hice el cuadro Nº 2, no podría creer lo que mis ojos vieron, y es más, lo hice muchas veces para convencerme que estaba profundamente equivocado, pero infelizmente, no fue así.

Respecto al consumo público, ésta se contrajo 22.4%, caída también de consideración. Si analizamos las variables más representativas de la macroeconomía, me refiero a la demanda interna y al producto bruto interno, ambas tuvieron tasas negativas. En el primer caso, cayó 4.78%, y la segunda variable disminuyó 4.93%.

Luego de este análisis, y siendo un poco pesimista, si seguimos con esta tendencia nos aguarda una gran recesión que tendrá que ser afrontada por el nuevo gobierno y soportada por todos nosotros.

Retornando a  una de las preguntas que formulamos al inicio de estas líneas: ¿cuál fue la causa? Si respondemos apuradamente, caeríamos en ideología (primer planteamiento: expectativas negativas de empresarios) o empirismo (segundo planteamiento: disminución de la inversión pública y el Decreto de Urgencia Nro. 012-2011), lo cual restaría seriedad a nuestro análisis.
Finalmente, usando la retórica, en el primer caso, las marchas y contramarchas de partido ganador en las elecciones creó incertidumbre en el empresariado, lo que se puede observar en la desaceleración de la inversión privada. Y en el segundo caso, la extremada reducción de la inversión pública influyó en el crecimiento que veníamos disfrutando, aun teniendo en consideración la abundancia de ahorro público disponible en las arcas del Estado, lo que  comprueba de manera indubitable la falta de capacidad de gasto del gobierno saliente.



[1] La información ha sido tomada de las estadísticas del Banco Central de Reserva del  Perú.
[2] Se agradece la importante colaboración en este artículo al Señor Jorge Moreno León.