13 de may. de 2011

Sobre el sueldo mínimo

El concepto del sueldo mínimo responde a lo que se conoce en la teoría económica  como “el precio piso”, y se da cuando la autoridad fija un precio y las empresas no pueden vender el bien que producen por debajo de este límite.  Por lo general, el precio piso es mayor al precio que tendría un bien en el mercado. El aplicar un precio piso responde a una política económica de control de precios.  Obviamente que esta política de precios es la antítesis del libre mercado  y de la correcta asignación de los recursos en una economía. El objetivo de esta medida es proteger al productor sin importar afectar al consumidor.

Cuando la política económica contempla aplicar el control de precios al mercado de trabajo  es porque está asumiendo que éste es , homogéneo, formal, con un solo tipo de trabajador y un único sueldo, es decir,  un mundo propio de una maqueta diseñada por un brillante arquitecto. Pero, los mercados en general y sobretodo, los de trabajo, (no es uno, son miles) son dinámicos y complejos donde las pequeñas empresas demandan mano de obra y las personas ofrecen su fuerza de trabajo. En el primer caso, las empresas para ser eficientes, contratan un trabajador más mientras el costo de contratarlo, es decir, el sueldo, es cubierto por la contribución a la producción  de este trabajador,  y en el segundo caso,  las personas, decidirán trabajar más, mientras  el bienestar que  tendrán con el ingreso adicional compense la fatiga o pérdida de bienestar propio del trabajo adicional.  En tal sentido, para la toma de decisiones, las empresas consideran la productividad de los trabajadores potenciales y los trabajadores consideran el bienestar del ingreso adicional.

Sin embargo, el problema actual no es el sueldo mínimo, pues éste  existe en la mayoría, o en todos los países del mundo, sino, es el aumento como parte de una política económica improvisada. Y lo que se observa normalmente es que los gobernantes  utilizan este tipo de sueldo como una especie de campaña política para ganarse  parte de la población.
Mas, ¿Qué objetivo tiene aumentar el sueldo mínimo?¿Es un asunto de justicia o simplemente un asunto político? Desde un punto de vista práctico y ético, es justo que las personas ganen por lo menos un sueldo que les permita satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia. De esto no hay duda, pues, habría que ser lunático para no comprender este gran problema social que aqueja a economías como la nuestra con un gran porcentaje de la población en un nivel de pobreza.
Pero es importante resaltar que, dado el objetivo político o humanitario, si queremos llamarlo así,  de incrementar  el sueldo mínimo sin ningún criterio técnico, y más allá de ser una buena noticia para muchos incrédulos, esta medida económica empeora las cosas porque intensifica las distorsiones en los diferentes mercados de trabajo alejando de la formalidad a quienes se pretende ayudar. Este es el meollo del asunto.
Si razonamos en términos económicos, podemos argumentar que aumentar el sueldo mínimo no es la solución para mejorar la capacidad adquisitiva de los más pobres. La explicación es la siguiente: cuando el gobierno aumenta el sueldo mínimo, se producen varias reacciones, primero, los que son informales, lo seguirán siendo, segundo, una parte de los formales que ganaban el sueldo mínimo, verán aumentado sus ingresos, y tercero, el resto de formales pasarán a la informalidad, por la sencilla razón que muchas empresas no podrán pagar el nuevo aumento.  Por lo tanto, aumentaría la cantidad de trabajadores informales.

Ahora bien, ¿bajo qué circunstancias sería eficaz aumentar el sueldo mínimo? Sería eficaz esta política si se conoce la oferta y la demanda de los diferentes mercados de trabajo de personas muy poco calificadas, y esto, valgan verdades, es humanamente imposible. Quizás en una economía con poquísima informalidad que se caracterice porque todos los trabajadores estén debidamente registrados y cuenten con los servicios básicos de salud y sean futuros pensionistas, se podría ir adecuando el sueldo mínimo a la realidad, es decir, al sueldo que se paga en los diferentes mercados.  Pero en un economía que ocupa los primeros puestos de la informalidad en el mundo, y es la campeona en el continente americano, realmente aumentar el sueldo mínimo es un cuento de Hadas, es un engaña muchachos, una mentira piadosa, o un discurso populista sobretodo si se trata de candidatos a la presidencia de la República.

Podemos plantear luego de esta breve explicación que, aumentar el sueldo mínimo de manera desproporcionada a lo que realmente se paga en los diferentes mercados de trabajo no es más que una aventura política sin ningún fundamento económico. La solución no es aumentar el sueldo mínimo por decreto, sino, que los sueldos se vayan incrementando a medida que las empresas demanden más mano de obra en los diferentes mercados, y para ello, se requiere de una estrategia integral de ir reduciendo la informalidad a través de incentivos a las pequeñas empresas de tal manera que no sea caro contratar ni despedir trabajadores formales, y que les convenga más tener empleados y obreros formales.

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